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Dibujo de Oski

Amílcar Romero

 

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¿Una partidita de ajedrez frente al espejo?

Y ya lo ve, y ya lo ve,

es para Dios 

que lo mira por tevé

Cada vez que creemos que nos han pasado todas, viene Murphy o algún dirigente de algo y nos caga la fruta. El JUE 10/06/04, en la Bombonera, por primera vez en la historia se jugó un superclásico con el acceso permitido solamente a la hinchada local; a los otros, la ñata contra el vidrio, la casa, la tevé, la radio o acostar a dormir la mufa. El exabrupto, para llamarlo de alguna manera, parece haber seguido los siguientes carriles lógicos. El país está en medio de una crisis galopante, lo cual desde el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 no es ninguna novedad. Pero ahora resulta que también es energética o, más exactamente, es solamente energética porque ya es la segunda en dos décadas que la economía quiere repunta y no alcanza la electricidad y demás porque está todo dimensionado para gallinero iluminado. En fin, dejemos el dislate para los entendidos. Convencido de su cruzada patriótica, el gobierno llamó a la austeridad y el racionamiento luego de duplicar los sueldos de los funcionarios públicos. Entre otras cosas, como no van a alcanzar los watts para todos, lo cual es auspicioso porque en una de esas se va a torturar menos, se pensó tímidamente que no se jugaran los partidos nocturnos.

¡A papá!

Don Julio Humberto se puso la dominguera y chevalier en ristre los puso en vereda. Ya lo dijo el finadito Valentín Suárez y creyeron que hablaba en joda: "No me vengan con la ley jugando de cuco. En este país ningún gobierno le baja la cortina al fútbol." Era 1971. Y dicho y hecho. Todavía hay algunos salames en que insisten.

Entonces fue cuando salió al cruce la subsecretaría respectiva, porque los quilombos futboleros en el Argentina ocupan el tercer escalón en importancia en el aparato del Estado, y para demostrar que no están como bocina de avión, dijeron más o menos así como si vos no ahorrá luz, yo no te dejo ir a los contrarios porque de noche, a lo oscuro, se pueden hacer pupa.

-Y a mí que me se impotra -le contestaron, igualito que en un viejo programa de radio que creyeron que se hacían los graciosos copiando a la realidad-. Nosotro lo jugamo igual, lo jugamo.

Dicho y hecho. Pruebas al canto. O a los cantitos. Porque en la fecha mencionada los bosteros no sólo no pudieron llenar su templo, sino que en el Monumental las más fieles gallinas pagaron para ver por pantalla gigante lo que trasmitía en vivo y en directo, al aire, Canal 13. Y no sólo eso: llevaron bandera, bombo y vincha, bengales y papelitos a rolete, así que como si virtualmente estuvieran a la vera del Riachuelo cuando los gloriosos colores que le deben a Watson Hutton y Bard hicieron su aparición, el delirio...

El delirio en serio. Virtual, pero en serio. Cagados de frío, pero delirando.

Aplaudieron a los rayos catódicos. Los reputearon. Deliraron por ellos. Sufrieron por ellos. Casi se comen los chorros de luz de los cañones con que multiplican el tamaño cuando al centro rasante desde la derecha por un pelito no lo empalmó el que entraba por el medio como una bala.

Todo salió a pedir de boca. O de Boca. Porque para prevenir es que están nuestras autoridades. La no presencia de los contrarios hizo que se viviera una jornada ejemplar. Al micro visitante, cuando entraba con los jugadores a la parte atrás de la cancha, le rompieron solamente un vidrio. Desde adentro, al Comité de Recepción que como es de rigor, los esperaba para el fraternal agasajo de rigor, los jugadores los saludaron agarrándose el entrepiernas, haciéndoles fucking! y otras delicias. Mientras, desde el techo del doble camello especialmente charteado y acondicionado, cosa de compensar en parte la falta de barra propia, salían bengalas a todo pedo y chorros de humo químico con los colores blanco y rojo.

Un bombón.

A la tarde, cosa de que nadie se sienta solo, podrido de estar como cenicero de moto, presentaba la renuncia el juez Mariano Bergés, el mismo que alguna vez creyó descubrir que la Policía Federal tenía montado un curro monstruoso con los Operativos Especiales y el mismo que llevó a la suspensión del fútbol por el dichoso Boca-Chacarita, encanó dirigentes, procesó barrabravas, amenazó con llevar hasta las últimas consecuencias el camino de la Diosa Temis, aplicar por fin la asociación ilícita que es el fútbol, y para mostrar que es hombre de palabra, así lo hizo: se tomó las de Villadiego. El conciudadano Rafael Di Zeo, (a) El Rafa, renovado jefe de La 12, aparentemente en calidad de prófugo por pedido de captura del doctor Bergés, estuvo como es obvio cumpliendo sus labores en el lugar que le corresponde.

Todo estuvo como corresponde. Sólo que algo más virtual.

Una joya. Precursor, revolucionario, otra vez el fóbal argie hace historia, marca hitos. Al alpedismo apuntado por Leopoldo Marechal en El banquete de Severo Arcángelo, ahora se agregó esta muñeca inflable del erotismo tablonero nacional y popular. La próxima es cuando con la notebook de bolsillo o a través del celular con pantallita se dé el próximo paso, entonces te lo trasmiten por mail y los raleados de turno se agolpen frente al Cabildo para de alguna manera enterarse el pueblo de lo que pasa. Total no está tan lejos cuando la afición deportiva imberbe, a principios del siglo XX, se agolpaba frente a las pizarras de La Nación, en la calle Florida, y adentro, uno de los chabones que recibía en una cintita perforada en raya punto, punto raya del Morse las novedades del clásico que se estaba jugando en la otra orilla, salía al balcón con un megáfono y anunciaba, entonces la gente aplaudía o hacía ¡buuu!, según fuera el cariz de la noticia.

El pasado remoto está ahí nomás y hacia allá vamos, qué jorobar. Por eso la semana que viene, el JUE 17/06/04, si TyC y Dios no disponen algo en contrario, en el Monumental el interruptus se volverá a repetir y en la Bombonera, frente a sendas pantallas gigantes, los otros harán lo mismo con el chupete de teflón.

¿No es de locos? Perdón.¿no es de argentinos cuerdos?

Siga, siga, que no cobró nada.

  ¿Se olvidó algo? Al índice que todavía está a tiempo.

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